La crisis alimentaria
Por primer golpe en treinta años, una oleada d’inflación en el precio de los alimentos sacude gobiernos a todo el mundo y provoca barullos y protestas a lugares tan distantes como Haití y Bangladesh. En otros lugares, la crisis alimentaria del 2008 amenaza de poner a prueba la teoría según la cual a las democracias no hay episodios de hambre. Al mundo viven ahora aproximadamente mil millones de personas que ganan un dólar cada día. Son las más vulnerables a cualquier pequeña variación en el precio de los alimentos. Para estos mil millones de personas, la crisis alimentaria mundial ya es una desagradable sorprendida d’todavía más desagradables consecuencias. La crisis tiene una solución muy difícil y complicada, entre’d otras cosas porque se produce en un momento de desaceleración de l’economía mundial. En parte, esta subida de los alimentos se debe a la fabricación de combustibles biológicos y a la inmensa demanda d’algunos países emergentes (notablemente la China y l’India), que s’están convirtiendo en potencias industriales.
Pero estos no son los únicos motivos de la crisis, puesto que hace falta añadir l’especulación, a veces descontrolada, que ha dominado los mercados alimentarios en los últimos tiempos. En cualquier caso, el hecho es que la crisis alimentaria puede invertir la tendencia a reducir la pobreza que algunos países han experimentado en esta última década de crecimiento. Parece evidente, pues, que l’época de los alimentos baratos y asequibles ya pertenezco al pasado, y que s’obro un futuro incierto más por la inflación de los precios que por’l escassetat de los productos. El primero que hace falta hacer ahora es inyectar dinero a los organismos internacionales, como por ejemplo el Programa Mundial d’Alimentos, que depende de las Naciones Unidas. Los países ricos, que por el momento no han prestado lo suficiente atención a la crisis alimentaria, deben dotar de liquidez el sistema tal y como han hecho por protegerse de la crisis crediticia. Todo indica que el peligro es inminente y hace falta pasar a l’acción. La crisis alimentaria quizás no es tan visible como el cambio climático –algunos l’han denominado “el tsunami silencioso”– pero supone un nuevo y amenazador reto para toda la humanidad.
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